jueves, 27 de agosto de 2009

MANIQUÍES

Hace tiempo que me flipan los maniquíes. Cuerpos inertes, plastificados, diseccionados, pervertidos, profanados. Cuerpos abyectos. Absolutamente lejanos, en forma, norma y modos que los de carne y hueso, pero no por ello menos reales. Ahí están los maniquíes, para que critiquemos su representación hegemónica del cuerpo humano -del cuerpo mujer, muy especialmente-, sí, pero también para que los toquemos, maleemos, deformemos, reinventemos. Maniquí in-corpo, maniquí in-corporado. Esos cuerpos asexuados y a la vez sexualizantes, con esas miradas fútiles, baladíes, robóticas... Perfectos replicantes que me vuelven loca. [¿Sueñan los maniquís con ovejas de plástico o cortadas por la mitad, con o sin pelo, de tetas puntiagudas o de cintura imposible?] Andrillos.
Dejarse atravesar por el maniquí un primer paso para entender la artificialidad de nuestros cuerpos, ésos que se mean y que se cagan, de los que se desprenden flujo, lágrimas o mocos... vaya, como los nenucos. Maniquís en miniatura, representaciones efectivas para el ejercicio de la sacralizada maternidad -entre otras cosas-, ¿son menos reales?
El maniquí es plástico, como el cuerpo humano.

Heroína de lo periférico. México DF, 2006.

Heroína de lo periférico. Mérida -Yucatán- (México), 2006.

Adek Berry. Jakarta (Indonesia) [Extraída de aquí]