jueves, 6 de marzo de 2008

NOS HAN QUITADO EL DÍA, PERO NO LA VOZ

Sábado 8 de marzo, 19:30. Cacerolada en Pza. Jacinto Benavente. Pásalo.

El 8 de marzo es el día histórico de celebración internacional de las luchas de las mujeres. Este año coincide con la jornada de reflexión y la Delegación de Gobierno de Madrid y el Tribunal Superior de Justicia de Madrid han considerado que su celebración “puede quebrar el necesario clima de reflexión y de neutralidad ideológica”. No han considerado lo mismo las Delegaciones en Bilbao, Valencia, Barcelona o Pamplona, donde nuestras compañeras podrán celebrar libremente y sin acosos electoralistas la lucha de las mujeres ¿Es que allí se altera menos “el clima de neutralidad” o es que los motivos para querer que salgamos el 7 responden a otros intereses más oportunistas?

Argumentan que podemos violentar el libre ejercicio del derecho de sufragio… Y por eso es legítimo limitar nuestro derecho de reunión y manifestación; coartando nuestro libre deseo de estar en las calles, reivindicando lo mucho que aún nos queda por conseguir y festejando juntas lo logrado.

Estamos ante una colisión de derechos, dicen. Estamos ante un atropello más de los derechos de siempre, los de las mujeres, decimos nosotras.

¿Se habrían atrevido a imponer que la manifestación del 1 de mayo se celebrase el 30 de abril? Es más, ¿se habrían atrevido siquiera a convocar elecciones el 2 de mayo? ¿No será, más bien, que los derechos, deseos e intereses de las mujeres han quedado, una vez más y de forma impune, en tercera fila?

Esta decisión no aparece suelta, sino en un contexto donde nuestras reivindicaciones son loadas y utilizadas como ornamento electoral. Instrumentalizadas. Pero cuando las buenas palabras, las leyes decorativas pero con poco contenido y menor aplicación, han de traducirse en cambios cotidianos, ahí ya no se llega. Esto lo vemos más claro que nunca este año con la ofensiva conservadora contra el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo. Ofensiva posible porque, tras múltiples legislaturas socialistas, no se ha hecho nada con la legislación sobre el aborto y sí mucho en la desatención a las mujeres. ¿Cómo se explica esto si no por la connivencia de derecha y cierta izquierda en este eterno delicado tema? Y es que ahí, en el compromiso, duele.

Aceptar que las mujeres tenemos voz propia y deseamos gritarla el día 8, sin estar sujetas a ningún compromiso partidista, eso duele. Porque supone escucharnos, y supone que no pueden utilizarnos para ventear sus supuestos méritos en pro de la igualdad, como sí harán el día 7.

No querían un 8 de marzo que pudiera ser reprochado o ingobernado, pero sí, quizás, un lucido 7 de marzo, al que acaso se sumaran algunos autobuses de más fletados por el PSOE como broche femenino dirigido a legitimar una larga marcha hacia la institucionalización del feminismo.

Este hecho nos demuestra la fragilidad de confiar nuestras reivindicaciones a las instituciones y de plegar nuestras luchas al estrecho margen de acción que nos predefinen. Queremos que las instituciones respondan a nuestras exigencias; no queremos que nos autoricen, ni nos tutoricen, ni nos marquen el corsé de lo que podemos o no decir, ni cuándo podemos o no decirlo. La facilidad con que se viola un derecho que creíamos al menos parcialmente conquistado, como es el del aborto, nos vuelve a recordar los riesgos de confiarnos al marco institucional.

Hoy somos más conscientes de que la estrategia de institucionalización seguida a ciegas por cierta parte del movimiento feminista y de las organizaciones de mujeres tiene un horizonte reivindicativo muy corto. Y el estrechamiento de los vínculos entre algunas de estas organizaciones y los partidos tiene un horizonte viciado, de supeditación propia y de voluntad de control de quienes reclamamos nuestra autonomía.

Nos sentimos enojadas por no poder celebrar libremente y sin acosos electoralistas la lucha de las mujeres, como sí podrán hacer nuestras compañeras de otras ciudades. Estamos convencidas de que los intereses partidistas han jugado un papel central a la hora de imponer que la manifestación del 8 de marzo se celebre en Madrid el día 7. Nuestros derechos se convierten en moneda de cambio, en rédito electoral, en materia de negociación. Y esto hace más patente la hipocresía de la supuesta defensa de los derechos de las mujeres que todos los partidos aseguran buscar. La lucha por la igualdad es una medalla que todos quieren colgarse, pero a la hora de la verdad se muestra como un objetivo vacío, son palabras huecas.

Y a pesar de todo, porque seguimos juntas y lúcidas, estamos aquí, alegres, para reclamar, como todos los años, pero más aún este 2008, el derecho a nuestros cuerpos, a nuestras sexualidades diversas, a tomar nuestras propias decisiones. Para afirmar que, más allá y más acá de las elecciones, hay vida. Que nuestros deseos y necesidades laten a ritmo propio, no al del calendario que se nos impone de forma oportunista. Y estamos seguras de no estar solas.

Quizá este 8 de marzo nos encontréis en las calles, sin la bendición institucional, a nosotras y a otras, múltiples, diversas, anónimas, ciudadanas del día a día. Porque NOS HAN QUITADO EL DÍA, PERO NO LA VOZ:


MI CUERPO, MI DECISIÓN, NUESTRO DERECHO
ABORTO LIBRE Y GRATUITO


En Madrid, el 8 de marzo de 2008… Manolo, Manolito, ¡reflexiona tú solito!